Abanicos by Alexander F. Tcherviakov

By Alexander F. Tcherviakov

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El destripador

A finales de l. a. dГ©cada de los aГ±os veinte se encontrГі en el barrio parisino de Saint-Denis el cadГЎver, brutalmente despedazado, de una mujer. El crimen y su estremecedor parecido con los cometidos aГ±os antes por Jack el Destripador despertaron l. a. curiosidad del poeta y periodista Robert Desnos, que decidiГі investigar a su vez l. a. historia de aquel legendario asesino del Londres Victoriano.

Elena sabe

Quickly after Rita s physique is located, the research of her demise is closed. Her mom looks the single one unwilling to renounce at the fact, yet racked via disorder she is the least most likely candidate to head after a assassin. a tough journey from the suburbs to the capital, an outdated debt of gratitude, and a revealing dialog, are the proof which are opened up during this novel a singular that uncovers the hidden faces of an authoritarian regime and the hypocrisy of society.

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Por consiguiente, podemos asumir que los abanicos de pantalla ya habían llegado a Rusia por aquella época y que, teniendo en cuenta los documentos de los que disponemos, coexistían dos tipos de abanicos: los abanicos de pantalla, habitualmente hechos de plumas de avestruz, y los abanicos plegables, hechos de satén o pergamino. Amanecer Abanico de doble hoja, decorado por ambos lados Italia, 1760-1770 Varillaje con 20 varillas de concha. Piel, madreperla, concha, hueso, bronce, pintura, escultura, incrustaciones, dorado, 28,5 x 51 cm Museo Estatal de Ostankino, Moscú 30 31 Dejando a un lado los abanicos de pantalla procedentes de Asia, ésta es la primera mención referente a abanicos plegables, que reflejan claramente el modelo occidental, con una hoja de pergamino pintada y fijada sobre un marco de madera.

Es un aspecto particularmente característico del reinado de Catalina II. El abanico plegable se convirtió en Anónimo (Reverso del abanico) 62 63 un accesorio obligado y entró a formar parte integral de la indumentaria femenina. Ninguna mujer se atrevía a aparecer en público sin un abanico. En manos de su dueña, el abanico parecía convertirse en un elemento activo que adquiría un papel propio en la parafernalia general que acompañaba al lujo de las ceremonias, fiestas y bailes. Como escribiría en cierta ocasión un inglés, “el abanico era un objeto tan extendido que una mujer sin abanico se sentía tan desprotegida como un caballero sin espada”.

Es difícil establecer hasta qué punto se extendió su uso, si formaban parte de los accesorios cotidianos o pertenecían exclusivamente a los atuendos de gala. Los pajareros enamorados Abanico de una hoja Francia, alrededor de 1770 Varillaje con 15 varillas de hueso incrustado. Seda, hueso, lentejuelas, pintura, escultura, grabado, dorado, incrustaciones, 28,5 x 53 cm Museo Estatal de Ostankino, Moscú 34 35 Sin embargo, si se tiene en cuenta lo específico de la moda durante este periodo, puede asumirse que el abanico no era algo muy normal y que no se utilizaba más que en ocasiones especiales, por ejemplo durante las ceremonias.

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